Una ilusión.
Una pasión. Un sentimiento. Más de la mitad de un país. Un equipo.
Universitario de deportes. Aquel equipo crema que nos ha tenido mal acostumbrados
a un sinfín de glorias y triunfos, copas y alegrías. Aquel equipo que hoy (por
la misma razón de mal acostumbrarnos) solo recibe reclamos, pifias y lamentos
que el hincha no logra entender y que busca en la mala campaña justificar los
errores con nombres y apellidos. Busca un culpable.
El año
comenzó con pie izquierdo al ser derrotados en casa por un equipo colombiano.
La misma noche donde el plantel 2015 hacia su aparición ante toda la familia
merengue. Más de uno sabía que era el inicio de lo que hoy ya sabemos, derrota
tras derrota.
No cabe
duda que se vio reflejado en el torneo inca, donde el quipo no solo hizo demostración
de su mal juego, sino de la falta de idea dentro del campo. Oscar Ibáñez y compañía
no hallaban la brújula, es más no había brújula. Buscaron en la improvisación y
en los pelotazos alguna respuesta donde solo quedaban preguntas e inciertos.
Silvestri
fue más de lo mismo. Algunos jugadores llegaron, otros dieron un paso al
costado sin pena ni gloria y el resultado, eliminados de la copa inca. Aquella
maldición inca que Raúl Fernández también quiere olvidar por la cantidad de
bloopers cometidos en cada salida.
Ahora llega
el Apertura y con ello un nuevo técnico. Una nueva esperanza. Aquella que
necesita el hincha para recuperar esa emoción. Ahora solo toca trabajar con
responsabilidad y disciplina para darle una estrella más a un club que solo
debe estar acostumbrado a ganar, por el bien de la institución, la hinchada y
el prestigio del club. Ahora muchachos a ponerse a trabajar que la cuenta
regresiva comienza y la pelotita en breve empezará a rodar.

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